El delivery salva a los pequeños comercios

Para los pequeños comerciantes de la ciudad, la cuarentena es una trampa difícil de sortear. Con el local cerrado y sin la estructura de las grandes cadenas para vender por internet, no queda otra que el ingenio criollo. De la noche a la mañana, muchos organizaron su propio servicio de delivery artesanal con un celular y la bici, el auto o lo que tenían a mano para el reparto. Con esta modalidad no facturan lo mismo que antes, pero alcanza para salvar el mes en medio de la pandemia.

En los comercios no esenciales, el cierre del mostrador vino por decreto. En los demás, la mayoría bajó la persiana o restringió el horario por miedo. Es que, en un local pequeño, se vuelve casi imposible asegurar la distancia entre un comprador y otro.

“La gente no entiende que tenés un espacio chiquito y solo pueden entrar de a uno”, explicó Silvia, de la verdulería Frutiquén.

Impuesto

Dijo que ella es monotributista y este mes le descontaron 2 mil pesos del impuesto. “Las medidas eran para las categorías más bajas y yo hace 10 años que tengo negocio; entonces, sí o sí tengo que trabajar, pero si pudiera me quedo en mi casa”, comentó

Indicó que, en su caso, el reparto a domicilio surgió a pedido de los clientes de toda la vida. “Viven con los padres o no quieren salir y se cansaron de llamarme para que les tome el pedido, así que se los llevo”, explicó.

Pablo, del mercado Terrazas del Alto, comentó que ellos funcionan solo con delivery desde que empezó la cuarentena.

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