Los 159 pozos sin conectar en el shale

Con una apuesta para lo que viene, una línea de largada, y el testimonio del freno de la industria en los últimos diez meses. En las áreas petroleras y gasíferas de Neuquén hay un total de 159 pozos perforados que no están conectados. Es decir, todavía no producen ni inyectan crudo ni gas a los sistemas que llevan a refinerías y centros de consumo. Pero son parte de los pozos que podrían explicar el próximo envión una vez que haya condiciones económicas para acelerar.

Los datos del Ministerio de Energía de Neuquén muestran el contexto hasta la última semana: de la cifra total, hay 54 pozos de gas perforados que todavía no fueron conectados. Están ubicados en 16 áreas petroleras y son parte de la operación de ocho empresas que esperan condiciones para acelerar en la producción.

En este segmento, el grueso de los pozos en espera son de shale gas, con 46 en esta condición.

Los restantes ocho son de tight gas, el fluido que se extrae de arenas compactas, no en la formación Vaca Muerta, si bien la tecnología para extraer estos hidrocarburos es la misma que se usa en los no convencionales.

En el caso del crudo ocurre otro tanto. De acuerdo con la información a la que accedió, son 105 pozos distribuidos en 13 áreas y pertenecen a siete empresas petroleras.

En buena medida, son parte de las campañas de la aceleración del crudo en el primer tramo del 2019, antes de que el decreto 566 que estableció un techo al precio del Brent durante el gobierno de Cambiemos promoviera un primer freno en la actividad petrolera. Esas perforaciones son las que podrían contrarrestar llegado el momento el declino de la producción.

A la hora de explicar por qué no se siguió avanzando con estos pozos hay dos razones fundamentales.

En los de gas, la caída de la demanda interna y el bajo precio establecieron un freno en los planes de negocio. La crisis mundial sumó un factor adicional al bajar la demanda también de posibles exportaciones. Hace dos años Neuquén comenzó a exportar gas a Chile de forma regular, algo que quedó en el mismo contexto del resto de la producción con la llegada de la crisis mundial.

Este escenario se trasladó a los pozos petroleros desde este año. Por la lógica de los elevados costos de sus operaciones, las empresas suelen hacer primero buena parte de las perforaciones previstas con equipos de torre y dejar para una segunda instancia la completación con los sets de fractura. De este modo optimizan costos en los yacimientos, en un contexto en el que la logística y el desempeño en cada área pueden inclinar la balanza de la rentabilidad hacia un lado u otro.

Ante un mercado caracterizado por la incertidumbre, y sobre todo en el crudo hoy por la abundancia de petróleo, esas perforaciones todavía no fueron conectadas. Neuquén logró en marzo llegar a los 170 mil barriles de petróleo diarios. Sin duda que esas perforaciones de crudo iban a afianzar la curva de crecimiento de la producción, pero también son una forma de contrarrestar la caída, ya que los pozos no convencionales suelen tener grandes rendimientos iniciales seguidos luego de algunos meses por caídas en el rendimiento. Ahí juegan un rol más que importante estos pozos, que actúan como un contrapeso para ese declino.

Para el caso del gas, los pozos sin conectar permiten sumar una noción más a la hora de medir el tiempo que requerirá inyectar más gas en el sistema interconectado, si eventualmente son parte del nuevo Plan Gas hoy en discusión.

De acuerdo con lo que pudo saber +e, entre estas perforaciones hay pozos con y sin fracturas realizadas. Hay algunos donde las empresas deberían realizar este procedimientos, paso previo para lograr que los recursos de Vaca Muerta pasen a ser parte del sistema de bombeo o de inyección de gas.

Para poder medir la proporción de pozos no conectados, cabe señalar que en 2018 y 2019 en Neuquén se perforaron unos 340 por año. Los 159 pozos sin conexión equivalen al 47 por ciento de lo que se perfora en Neuquén en 12 meses. Hoy la lógica que sobrevuela a toda la situación es la del parate económico. Por ahora, todos los movimientos en las áreas apuntan a conectar pozos a medida que el declino de la producción lo necesite. Para una mayor escala, se necesita un salto en la demanda.

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